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Curiosidades

La calvicie en la antigua Roma, cuestión de virilidad y poder

  • 2012.10.15
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La pérdida de cabello es una circunstancia que ninguna civilización ha visto con buenos ojos. En muchos casos los motivos eran puramente estéticos, pero hay quienes lo llevaron mucho más allá. Es el caso de la antigua Roma, donde el pelo era un símbolo claro de masculinidad, valentía y fertilidad. La caída del mismo se asociaba con pérdida de virilidad y poder, por lo que los personajes más importantes de la época lucharon enconadamente contra la calvicie

La figura que resume la preocupación de los romanos por su pelo es el mismísimo Julio César. Para que su calvicie no fuera muy evidente pidió al Senado que le permitiera llevar permanentemente la corona de laurel. Así sus problemas de caída de cabello no quedarían enmascarados únicamente durante la celebración de los Juegos Olímpicos.

Otros poderosos personajes históricos como Tiberio o Domiciano también sufrieron alopecia. Su manera de tratar de disimularla fue dejarse crecer el pelo en la parte de atrás de la cabeza y peinárselo hacia delante. También recurrieron a las siempre socorridas pelucas, fabricadas con pelos reales de esclavas y prisioneras.

Pero los romanos no trataron únicamente de ocultar los problemas de caída de cabello, sino que también trabajaron activamente en la búsqueda de remedios para combatirlo. La medicina romana estaba basada principalmente en el uso de hierbas, y el conocimiento de sus propiedades curativas pasaba de generación a generación. Algunas de las recetas que perduraron con el paso de los años estaban destinadas a acabar con la calvicie.

Una de estas recetas tenía como ingrediente principal la planta medicinal laserpicium, la más empleada en dicha época. Mezclándola con vino, vinagre, pimienta y excrementos de rata, los romanos fabricaban un ungüento que presuntamente servía para frenar la caída del cabello. Previamente a untarlo en la cabeza, frotaban con sosa la zona de aplicación.

Pero ése no era el único remedio contra la caída del cabello empleado en la antigua Roma. Otra fórmula tan exótica como ineficaz consistía en el uso de ratas quemadas, dientes de caballo, grasa de oso y vísceras de venado.

La preocupación que los romanos tenían por la pérdida de cabelló quedo claramente ilustrada por el reputado poeta Ovidio, que decía que “feo es el campo sin hierba, y el arbusto sin hojas y la cabeza sin pelo”.

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