22/05/2013 por Equipo medico
N. Jiménez. Psicólogo colegiado: M-20.181
“Cariño, te estás quedando calvo”. Escuchar esta frase supondrá posiblemente una molestia para una persona que está perdiendo el cabello. Aunque sea pronunciada con un tono neutro o con preocupación, esta afirmación es muy probable que afecte a su autoestima y que sea motivo de una reflexión.
Tratar con la pareja un problema de esta naturaleza resulta delicado. Los que empiezan a sufrir alopecia son los primeros que se dan cuenta de la situación. Muchas veces, cualquier mención al respecto confirma que los demás también se dan cuenta de ella, lo que agranda el problema y puede percibirse como un ataque aunque no haya mala intención.
Entonces, ¿cómo actuar si nuestra pareja se encuentra en esta situación? Es importante entender que no existe una regla de oro, ya que cada persona reacciona de manera diferente. Sin embargo, sí podemos saber qué es lo que deberíamos hacer para ayudar.
Por un lado, se recomienda no banalizar la situación. Alguien que esté empezando a perder el pelo es probable que esté atravesando una crisis de autoestima. Como ya hemos hablado en otras ocasiones, la importancia que se da al pelo hace que su ausencia pueda afectar a nuestra seguridad. Si trivializamos podríamos llegar a contribuir a esa inestabilidad y esa baja autoestima. Recordemos que la falta de autoestima puede generar estrés, y que este genera mayor caída del cabello.
Por el contrario, si conseguimos crear un clima de tranquilidad, escuchando todo lo que piensa y siente la persona sobre el problema que está padeciendo, podremos ser de ayuda. No es habitual que alguien que se encuentra en esa situación empiece a hablar sin tapujos de lo que le ocurre, pero si le damos confianza y tranquilidad para hacerlo, es muy probable que se suelte y acabe compartiendo sus inquietudes.
¿Cómo crear ese ambiente? Para empezar, hay que evitar las críticas y no decir frases como “qué feo te estás poniendo” o “en vez de estar haciendo lo que haces, deberías empezar a hacer esto otro”. En su lugar hay que preguntar a la otra persona cómo se siente y señalar lo que vemos (“veo que últimamente estás preocupado por tu pelo, ¿qué te pasa?”).
Nuestra reacción ante las respuestas que nos dé nuestra pareja es muy importante. No debemos olvidar que seguramente lo esté pasando mal y esté hablando de una situación que le genera gran incomodidad. Una respuesta inapropiada puede provocar que no quiera hablar más del tema y no comparta sus sentimientos acerca del problema.
Ofrecer nuestro apoyo y nuestra comprensión hará que la persona se relaje. Si además podemos trazar un plan para intentar mejorar el problema, como por ejemplo recomendando que visite un especialista en cabello, o a un farmacéutico que le aconseje algún tipo de tratamiento, habremos conseguido buscar soluciones cuanto antes.
Cuanto menos tiempo pase entre la pérdida del cabello y el inicio de un tratamiento para frenar la caída, antes se podrán ver los resultados. Esto mejorará la autoestima de la persona, su confianza e imagen personal. Por ello, acudir a un buen especialista es muy importante.
14/05/2013 por Equipo medico
Es posible que alguna vez hayas pensado que el producto que te recomendó el dermatólogo para frenar la caída del cabello no funcionaba porque, tras unos días de uso, este seguía cayéndose. Y, de repente, el tratamiento empezó a hacer efecto.
No se trata de magia, de un suceso paranormal o nada que se le parezca. La explicación es mucho más sencilla y está relacionada con el ciclo natural del cabello.
Nuestro cabello crece durante la mayor parte de su vida (fase anágena del ciclo capilar), pero tras esta fase el cabello deja de hacerlo e inicia un periodo de letargo antes de desprenderse y caer (fases catágena y telógena).
Estas 3 fases, por las que todo cabello pasará, tienen una duración aproximada de 6 años, 3 meses y 3 días, respectivamente, si bien pueden variar de una persona a otra. Hay muchos factores que pueden modificar el tiempo de duración de cada fase. Por lo general, un cabello no afectado por ningún trastorno del crecimiento pasa más del 90% del tiempo en fase de crecimiento. Su duración puede oscilar entre los dos años hasta más de diez.
Cuando llega a su fin, el pelo entra en la fase catágena, de pocas semanas de duración, en la que el pelo ya no crece. Finalmente, el cabello se desprende de la raíz y cae. Esto ocurre durante la fase telógena, que suele durar entre dos y seis meses.
Entendiendo que este es el proceso normal por el que transcurren las diferentes fases del cabello, es fácil comprender por qué debemos esperar un mínimo de tres meses para valorar la eficacia de un producto anticaída.
Al cabo de unas semanas el cabello solo habrá crecido unos milímetros y los que estaban en fase de caída o telógena, seguirán cayendo. Por lo tanto, evidenciar resultados solo al cabo de un par de semanas sería prácticamente imposible.
Este período de tiempo es el que transcurrirá entre el inicio del efecto anticaída (es decir, disminuir la velocidad a la que el cabello en fase anágena pasa a telógena) y la eliminación de aquellos cabellos que ya habían iniciado el camino sin retorno a su caída.
Conocer las tres fases del cabello nos permitirá actuar debidamente y entender si el producto funciona correctamente frente a la caída del cabello.
24/04/2013 por redaccion
La natación es uno de los deportes más completos que existen, y ahora que llegan las buenas temperaturas tenemos la oportunidad de practicarlo además al aire libre. Ponerse el bañador y dedicar un tiempo a ejercitarse en remojo es sin duda una opción muy saludable.
Sin embargo, esta actividad podría tener consecuencias negativas para nuestro cabello si no vamos con cuidado. Es importante tener en cuenta que el gorro de natación es tan recomendable para la práctica de la natación como agresivo podría ser para nuestra salud capilar si no lo elegimos correctamente.
El gorro de natación ejerce una presión considerable sobre el pelo, ya que se adapta completamente a la cabeza. El momento más agresivo para el cabello es especialmente cuando se retira. Al quedar tan adaptado al cabello, al sacar el gorro es fácil que sin querer se arranquen cabellos. Por ello es importante elegir un gorro que quedando muy sujeto a la cabeza, no sea agresivo con nuestro cabello a la hora de retirarlo. Así que, entre todos los tipos de gorros que nos ofrece el mercado, debemos valorar bien este punto que varía en función al tipo de material elegido.
Igual de importante consideraremos la permeabilidad del gorro. En el mercado encontramos modelos que impiden que el cabello se moje, con las ventajas y desventajas que ello representa. Estos gorros disminuyen el tiempo y la humedad remanente del cabello, frente al aumento de presión sobre el cuero cabelludo y la disminución de la oxigenación del mismo (especialmente si lo utilizamos durante largas sesiones de natación).
Otros gorros lo que hacen es preservar la higiene del entorno donde nadamos, mejorando la oxigenación y secado del cabello, pero no impidiendo que el cabello esté constantemente húmedo.
Los gorros de látex o similares, mas impermeables, son los más agresivos para nuestro cabello. Son los que van más ajustados y por las características propias de este material, los que más arrastre del pelo producen.
Otras opciones, como los de tela o los de silicona, no cuestan tanto en retirarse de la cabeza, y pueden ser una alternativa a aquellos usuarios con largas melenas o cabello de gran volumen. Pero no es el gorro el único elemento agresivo para el pelo que hay en la piscina. Todos los elementos que se utilicen para mantener el agua y la piscina en buenas condiciones, representan un peligro para nuestro cabello.
Por eso, es importante realizar un enjuagado con agua limpia al acabar la natación para deshacerse de los productos químicos, y evitar así que el pelo resulte afectado. Si se toman las medidas necesarias, la natación puede ser una actividad muy saludable, tanto para nuestro cuerpo como para nuestro cabello.
08/04/2013 por redaccion
Las rastas son un tipo de peinado en el que se teje y se enreda el pelo para darle forma de tubo. Generalmente se han asociado al movimiento rastafari de Jamaica, aunque se han usado desde la antigüedad y hoy muchas personas las llevan por una simple cuestión estética. Pocos peinados son más llamativos que las rastas y pocos generan tanto interés sobre los efectos que tiene sobre la salud del pelo.
Las preocupaciones que genera este peinado están totalmente justificadas, ya que es un hecho que puede producir o acelerar la caída del cabello. Según algunos estudios médicos, las rastas facilitan la aparición de la alopecia de tracción debido al estiramiento excesivo y prolongado del cabello.
Otro peligro al que puede enfrentarse un peinado con rastas es la humedad, que puede llegar a estropear el pelo si después de lavarlas queda humedad en el interior de la trenza. Por eso, siempre que hay que asegurarse de que el pelo se seca correctamente.
Además, por supuesto, hay que mantener una estricta higiene. En contra de algunas creencias, las rastas se pueden lavar a menudo. Si no se hace, se pone en peligro la salud del pelo y pueden aparecer picores en el cuero cabelludo, además de poder oler de forma desagradable. Para evitarlo, es recomendable usar un champú neutro y/ o adecuado a cada tipo de cabello.
Hay personas que defienden que después de hacerse unas rastas es mejor no lavar el pelo durante un mes para que no se deshagan. Esta falta de higiene es sin duda perjudicial para su salud. Si las rastas están correctamente hechas no deberían deshacerse aunque se laven. Para ello es aconsejable usar un método natural para formarlas, evitando siempre los productos químicos o las ceras.
Las rastas son, por lo tanto, un peinado que no sólo requiere mucho esfuerzo conseguir y mantener, sino que conlleva un riesgo considerable para la salud del cabello que debe tenerse en cuenta.
01/04/2013 por Equipo medico
N. Jiménez. Psicólogo colegiado: M-20.181
La calidad de vida es un concepto utilizado para medir el estado de satisfacción general de una persona con su vida. Es muy difícil de medir ya que es algo absolutamente subjetivo, pero para que tenga valores positivos deben ser también positivos algunos factores como desahogo económico, bajos niveles de estrés, buena salud, ocupaciones gratificantes (un trabajo que nos haga felices o hobbies que nos gusten) relaciones sociales satisfactorias, aceptación de la propia imagen, etc.
Algunos cambios en nuestra vida podrían afectar sobre este último factor, restando satisfacción y rebajando la puntuación en la calidad de vida. La pérdida de pelo y su impacto sobre nuestra psicología es un buen ejemplo de factor desestabilizador que podría disminuir la calidad de vida.
Un estudio realizado por los doctores Williamson y Gonzalez en el hospital Universitario de Gales a personas que habían sufrido pérdida de cabello, aporta interesantes datos al respecto. Según el estudio, el 90% de estas personas tenían la misma percepción sobre su calidad de vida que los pacientes que habían sufrido un problema como la psoriasis severa, una enfermedad inflamatoria crónica de la piel.
¿Cómo puede llegar a ser tan devastadora esta percepción?
Ya hemos hablado en anteriores entradas que con la alopecia no solo se pierde el pelo, también la autoestima. El problema excede lo capilar y se convierte en psicológico: la percepción de la pérdida de pelo acelerada puede llegar a perjudicar las relaciones sociales y la calidad de vida de los afectados.
La alopecia puede tener consecuencias importantes en sus vidas y un impacto emocional considerable. La rapidez en la caída del cabello y la impotencia que esto genera puede llegar a afectar notablemente la autoestima individual. Aumento de la timidez, pérdida de autoestima y de confianza son las respuestas más comunes a la caída del cabello, que suele afectar mucho más a las mujeres.
La confianza en nosotros mismos es el motor que impulsa nuestra vida en sociedad. Si está afectada, nos costará relacionarnos con los demás. No seremos capaces de mostrarnos como realmente somos, y situaciones que antes nos desestresaban y relajaban, como fiestas o charlas con compañeros de trabajo, pasarán poco a poco a convertirse en desafíos que nos costará superar.
Cito como ejemplo representativo el caso de un paciente de 24 años que empezó a perder el pelo. Esta persona me relató lo mucho que sufría al ir a un bar con sus amigos de la universidad, ya que notaba que él era el más mayor -por su calvicie- y que se sentía fuera de lugar. Este paciente antes salía de manera mecánica, sin pensarlo, sólo para disfrutar de sus amigos. Ahora, notaba que ese acto de placer se había convertido en una guerra consigo mismo, en algo que se sentía inseguro, en un acto totalmente carente de placer.
En definitiva, es importante tener en cuenta que el cabello tiene un ciclo natural que puede ser afectado por factores externos. Estos factores externos, como el estrés, también pueden alterarse por el ciclo capilar. Actuar sobre la caída del cabello mejorará la percepción de nuestra imagen, mejorando nuestra autoestima y calidad de vida.